Dibuja con estacas la huella de la casa en diferentes horas y estaciones, imaginando el sol bajo de enero y el alto de julio. Busca espaldares de roca o bosquetes que quiebren el viento dominante sin robar luz. Un porche orientado al este regala mañanas templadas, mientras un alero profundo al sur controla el verano. La posición correcta evita sobreconstruir, reduce leña y multiplica el confort pasivo todo el año.
Terrazas viejas, muros de piedra seca y sendas de animales muestran saberes previos. Donde hubo cultivo, hay suelo más estable; donde la senda serpentea, el terreno drena mejor. Una tarde seguimos rastros hasta un hombro del cerro protegido por enebros: ese lugar ofrecía firmeza y silencio. Respetar esas huellas ahorra movimientos de tierra, previene humedades ocultas y mantiene la casa integrada con la memoria del monte que la sostiene.
Con herramientas manuales, el acceso manda. Diseña una trocha que permita subir tablones, cal, agua y alimentos sin reventar el bosque ni tus rodillas. Curvas suaves, pendientes moderadas y puntos de descanso convierten el acarreo en rutina posible. Un pequeño trineo de madera, ruedas macizas y palancas simples hacen milagros. Si una nevada corta el camino, un acceso alterno peatonal, bien marcado, será la diferencia entre pausa y contratiempo serio.
Marca con cuchillo, vacía con formones afilados y prueba ajuste sin forzar. Deja una holgura mínima para cambios de humedad, y orienta la fibra de la espiga siguiendo esfuerzos previstos. La espiga ligeramente más larga permite cuñar y cerrar el conjunto. Una pizca de cola de origen natural, usada con criterio, sella sin dominar. Cada golpe cuenta; la paciencia aquí es resistencia acumulada ante inviernos y estíos alternados.
Entalladuras a media madera, horquillas en apoyos y colas de milano controlan deslizamientos y torsiones. En vigas principales, la combinación de topes mecánicos y superficies bien cepilladas evita ruidos y asentamientos indeseados. Aprendimos a escuchar el crujido amistoso que anuncia encaje correcto. Cuando el material pide un refuerzo discreto, una clavija de madera seca, orientada a favor de fibra, agrega seguridad sin romper coherencia material ni estética sobria.