A bajas temperaturas, los chasis se endurecen y el avance brusco puede generar microfisuras o descargas estáticas que dibujan relámpagos indeseados en el negativo. Mantén cartuchos en bolsillos interiores, cambia rollos bajo abrigo y evita rebobinar con prisa. Las baterías de fotómetros sufren; lleva recambios y caliéntalas en la mano antes de medir. La lubricación de obturadores antiguos puede volverse perezosa: prueba disparos de comprobación. Si el viento levanta nieve en polvo, protege el interior de la cámara con una bolsa de cambio improvisada. Pequeñas rutinas conservan fotogramas valiosos cuando el clima sorprende.
En altura, el agua se evapora rápido y las mezclas cambian viscosidad sorpresivamente. Usa pinceles con depósito para dosificar, cierra tapas entre cada trazo y prueba primero en un margen. Las tintas pigmentadas resisten humedad, pero pueden fluir más de la cuenta sobre papeles satinados; ensaya granulación con azules fríos para niebla lechosa y verdes transparentes para prados empinados. Controla la respiración antes de líneas largas, como si fuera una exposición lenta. Lleva un pequeño frasco con gotero y un paño absorbente. La economía de gestos evita charcos inoportunos cuando el viento corta y el tiempo apremia.
Subir de madrugada desde Kredarica, con crampones ligeros si la helada manda, regala una primera luz que acaricia aristas como cuchillos. En película, protege altas luces sobre nieve con compensación generosa; en dibujo, reserva blancos amplios y sugiere bruma con veladuras mínimas. El viento corta la respiración y obliga a decisiones rápidas; prepara encuadres el día anterior. Al bajar, anota tiempos y sensaciones: temblores, olores de hielo y silencio. Ese registro, más que cualquier tecnicismo, sostiene la memoria y convierte la secuencia en relato que otros podrán seguir sin perderse.
El valle del Soča ofrece pozas lechosas y remolinos que brillan bajo nubes altas. Un ND moderado en negativo color permite sedas contenidas sin artificio excesivo. Dibuja vórtices con líneas elípticas y reserva blancos para espumas. Los puentes colgantes añaden ritmo y escala; espera ausencia de gente para vibraciones mínimas. Controla dominantes verdes en Ektar y añade una nota cromática en el cuaderno para recordar correcciones. Caminar de Bovec río arriba inspira secuencias de plano general, detalle de piedra húmeda y cierre con bosque respirando. Deja espacio para oír el agua dentro de la página.
Los refugios, como Zasavska koča o Triglavski dom, son nodos de calor y conversación. Allí, entre sopa y manos que vuelven a sentir, se revisan negativos imaginarios y se consolidan mapas. Aprovecha mesas robustas para redibujar líneas clave, secar páginas y etiquetar rollos. Retrata discretamente escenas de descanso y guarda nombres de guardas y compañeros: esa humanidad encuadra la montaña con otra luz. Pide un sello en el cuaderno, anota pronóstico, ordena prioridades para el día siguiente. La hospitalidad también forma parte del paisaje y merece un renglón cariñoso en cada bitácora.